Discurso del Gran Canciller

Mensaje Mons. José Domingo Ulloa en la Toma de Posesión del Nuevo Rector de La Universidad Santa Maria La Antigua, Ing. Juan Planells

monseñorPor: Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá y Gran Canciller de la USMA

Hoy iniciamos una nueva etapa en este camino a recorrer por nuestra Universidad Católica, Santa Maria la Antigua.

Pasaron sus primeros 50 años y toca echar los cimientos para el futuro, para las próximas generaciones con visión de país.

Una nueva etapa se abre para todos y en esta etapa la USMA debe repensarse de acuerdo a los signos actuales de los tiempos (Vaticano II). Pues ella nació a la luz de Vaticano II para ser luz y guía de la sociedad panameña y esa misión es clave como aporte al país.

Al  hablar de la USMA tenemos que  ser claros, no se trata de una Universidad más, se trata de una Universidad Católica con excelencia académica y con valores cristianos.  Todo ello como una luz, un faro que debe guiar y acompañar a las generaciones que lleguen a recibir su formación humana, intelectual del mejor nivel y cristiana. 

Por los egresados de la USMA deben distinguirse no solo por su excelencia en el campo académico sino en el desempeño humano, social y cristiano. Pues las Universidades católicas han de formar profesionales íntegros, éticos y con sentido de su responsabilidad ciudadana y cristiana

Reiteramos la USMA no es ni queremos que sea una universidad de masas, es una universidad con un camino privilegiado, con la misión de formar los profesionales que Panamá requiere para su desarrollo social con inclusión y para su desarrollo integral, como es el campo de la tecnología, la ciencia, la investigación, sin olvidar su catolicidad. 

El Papa ha señalado en diversos discursos que las universidades católicas tienen el deber de dar un testimonio inequívoco e indispensable para defender y sostener el mensaje cristiano, su identidad católica y la enseñanza de la Iglesia.

Y en su reciente exhortación Apostólica el Gozo del Evangelio reiteró que la dimensión misionera del discipulado cristiano  debe ser relevante en la vida de las personas y en la tarea de cualquier institución eclesial.

 Este compromiso de ‘discipulado misionero’, tendría que percibirse de forma especial en las universidades católicas que, por su naturaleza, están comprometidas en demostrar la armonía entre fe y razón y en evidenciar la importancia del mensaje cristiano para una vida plena y auténtica”.

Por ello, explicó el Santo Padre “es esencial un testimonio decidido en las universidades católicas de la enseñanza moral de la Iglesia y la defensa de su libertad, precisamente en las instituciones formativas de la Iglesia y a través de ellas, para defender esa enseñanza proclamada con autoridad por el magisterio de sus pastores”.

 “Consciente de la importancia crítica de este apostolado para la nueva evangelización, expreso mi gratitud por el compromiso que la Universidad ha mostrado durante años para apoyar y fortalecer la educación.

Nuestra hoja de ruta, nuestra carta de navegación, la encontramos en estos tiempos en la Exhortación Apostólica la Alegría del Evangelio (Evangelii Gaudium).  Exhortación que grupos universitarios de la región estudian y reflexionan, para hacerlo en concreto, su camino, su ruta. 

Cuando terminado el Concilio, Pablo VI convocó a los intelectuales italianos y también a Ramón Sugrayes (profesor en Suiza) y Don Joaquín Ruiz Jiménez de España, fue para justamente encomendarles encarnar en el mundo universitario las premisas de Gaudium Spes y allí nació el movimiento de intelectuales católicos que ha trabajado en el mundo entero.  

La Universidades católicas tienen un papel que jugar en la sociedad y en esta nueva etapa de la USMA esto debe ser claro y ser un objetivo ineludible. Sobre este objetivo debemos construir un futuro y dentro de un periodo prudencial, evaluar como caminamos por este sendero.

Excelencia académica e investigación, servir a la sociedad panameña y encarnar los valores éticos y cristianos como nos señala Evangelii Gaudium.

Quisiera también dirigir mi mirada a los desafíos que debemos enfrentar en los años que vienen.

Entre éstos, siempre ocupará el primer lugar la calidad de nuestra docencia, porque nos debemos a nuestros alumnos; ellos son la primera razón de nuestra existencia y nuestro fruto más importante.

Es necesario que cada profesor se convenza de que los estudiantes son de verdad lo primero, y que esa convicción le lleve a poner su mejor esfuerzo en preparar y dar sus clases. Esa mentalidad de poner al alumno al centro llevará a los profesores a preguntarse una y otra vez si sus estudiantes aprenden y cómo pueden aprender más y mejor. Por eso que importante es que todos los profesores podamos optar por la docencia superior

Porque la docencia de calidad es la tarea más importante de decanos y directores de escuelas. Por eso no tengamos miedo de probar e impulsar nuevos enfoques metodológicos, También hemos de reconocer que no hay universidad si, junto a la docencia, no hay investigación de primer nivel.

Si bien es cierto, el número de publicaciones y proyectos de investigación llevados a cabo por nuestros profesores ha crecido rápidamente en los años recientes. Sin embargo, es mucho lo que se puede hacer todavía en esta materia.

La Universidad ha ido subiendo poco a poco los requerimientos de capacidad de investigación de los profesores que contrata, con el fin de poder seguir mejorando estos resultados. A su vez, hemos puesto una gran esperanza en el plan de trabajo de los profesores, como herramienta que contribuirá a seguir avanzando en esta dirección.

Como se puede suponer, el gran obstáculo a un avance todavía mayor es la falta de recursos disponibles para este fin. Es necesario que la Universidad sea estratégica en el empleo de los recursos que tiene disponibles para este fin. Lamentablemente no se puede hacer todo lo que se quisiera y, en esta materia, la calidad es más importante que la cantidad. Muchas veces menos es más.

Quisiera destacar a los componentes del fondo patrimonial que se ha visto fortalecido en este último quinquenio, destinado a becar estudiantes que —teniendo los méritos y capacidades— no pudieran pagar los costos de estudiar aquí.

Gracias a la ayuda de ese fondo y a otras estrategias puestas en marcha, el número de alumnos provenientes de colegios públicos y de sectores más vulnerables ha de ir aumentando.

Es muy necesario seguir avanzando en esa dirección, que ciertamente enriquece a la Universidad. Sabemos que hacer posible este sueño, requiere mucho más que dinero para becas. Junto con la ayuda financiera se necesita una estructura de apoyo que supla posibles deficiencias académicas que traigan esos estudiantes y que facilite su integración con el resto de los alumnos.

Parece cada vez más necesario que la Universidad aumente su relación con universidades de otros países. Aunque pueda parecer un tópico a estas alturas, la globalización es una realidad de la que la Universidad no puede estar ausente. Esta globalización del sistema universitario plantea amenazas, pero también oportunidades.

A esto se suma que la irrupción de las nuevas tecnologías hace hoy posible la educación sin fronteras. Es necesario tener una estrategia institucional frente a este fenómeno y ver el modo de transformar esta amenaza en una fortaleza.

Pidamos pues al buen Dios que como lo ha hecho esta Universidad en 50 años podamos seguir juntos esforzándonos por conjugar eficiencia y cordialidad, exigencia y espíritu de servicio.

Que al iniciar esta andadura de 50 años, recordemos que los logros pasados y los desafíos futuros sólo se pueden comprender y afrontar cuando se miran bajo el prisma de la misión, de aquello que nos hace ser lo que somos, de aquello que da sentido a nuestra institución.

Es bueno preguntarse, una vez más en esta ocasión ¿Cuál es el corazón de nuestro proyecto académico? ¿Qué queremos aportar a la sociedad? ¿Qué nos debería quitar el sueño? En otras palabras, ¿Tenemos un claro sentido de misión? ¿Tenemos claro qué necesita Panamá y qué puede esperar de nosotros?

Hoy es el momento para que como comunidad educativa volvamos junto a Declarar:

Declaramos en nuestra misión nos interesan todos los ámbitos del saber —las ciencias, las humanidades y las artes; y que cultivamos el conocimiento a través de un diálogo abierto y respetuoso con alumnos y colegas; y asumimos que existe armonía entre la fe católica que inspira esta universidad y la ciencia que se alcanza en nuestras bibliotecas y laboratorios.

Declaramos en nuestra misión que buscamos la formación integral de nuestros estudiantes; que queremos formarlos uno a uno, con dedicación personal a esa tarea; y que quisiéramos fomentar un modo de vida coherente con el ideal propuesto por Jesucristo. Esta meta requiere que destinemos tiempo efectivo a nuestros estudiantes, con disponibilidad para atender consultas y para ofrecer asesoramiento académico.

Obviamente el fomento de un modo de vida coherente, antes mencionado, respeta con delicadeza la libertad de cada uno. Parafraseando a Pablo VI, sabemos que la verdad revelada no se puede imponer, sino que tiene que proponerse y ser acogida libremente.

En nuestra Universidad caben personas de todas las religiones. Nunca existirá ni la más mínima coacción en este sentido porque el amor a la libertad es un elemento esencial de nuestra identidad.

Declaramos nuestro deseo de seguir trabajando bien y de servir a los demás con ese trabajo. Ciertamente, los estándares de calidad de nuestro trabajo académico y administrativo han ido mejorando con los años, pero cometeríamos un error muy grave si cayéramos en la autocomplacencia.

Hay mucho que mejorar en todos los ámbitos; hay mucha gente que trabaja mejor que nosotros. Un aspecto concreto al que hay que poner especial atención es la necesidad de hacer compatible eficiencia y cordialidad.

Pues el trabajo bien hecho implica amabilidad y espíritu de servicio. Por eso esa seguridad de que tenemos las espaldas bien cuidadas, de que todos trabajarán con lealtad, no a personas sino a la institución hará que nuestra Universidad sea verdaderamente un gran lugar para trabajar, y eso necesariamente repercutirá en la calidad de la docencia y de la investigación.

En suma, es mucho lo que se ha avanzado en 50 años, por lo cual debemos, en primer lugar, dar muchas gracias a Dios, y luego a los diversos Rectores y sus equipos de colaboradores. Los desafíos de los años que vienen son también muy grandes, pero estamos bien preparados para enfrentarlos, porque contamos con un grupo de personas de gran categoría humana e intelectual, que están profundamente comprometidos con él, ideario y la misión de esta Universidad. Que el Señor y Santa María la Antigua nos bendiga a todos. Amen.