Una mirada externa al Servicio Social Universitario

Una mirada externa al Servicio Social Universitario

Una mirada externa al Servicio Social Universitario

Por Marina Solís Gutiérrez

Admito que cada vez que surgía el tema del Servicio Social Universitario (SSU), mi mente se ponía en blanco, había revisado una y otra vez la lista de organizaciones disponibles para realizar la labor social, pero nada lograba capturar mi atención por completo, ni emocionarme por ello.

No soy ajena a la desigualdad, mis padres me criaron haciendo hincapié en lo afortunados que somos y desde pequeña siempre he convivido con personas de todos los estratos sociales. Lo cierto es que vivimos en un mundo donde los que mucho tienen más quieren y por alguna razón, no importa lo que tengan, nunca aparenta ser suficiente, pero si esta realidad ya la conocía, ¿por qué no simplemente elegía un sitio? Al final, da igual donde lo hagas, el apoyo que brindas le está llegando a alguien, sin embargo, recordar ésta lección me tomó más tiempo del que me gustaría admitir recordar, pero no nos adelantemos.

Llegué al punto de la desesperación y el enojo interno cuando me di cuenta de que efectuar mis 100 horas de SSU era el único requisito pendiente para poder obtener mi licenciatura, así que me gustara o no, ya era hora de ponerme en movimiento. Me puse en contacto con un par de organizaciones, pero su respuesta demoraba y yo no contaba con tiempo que perder. Marché decidida rumbo a la coordinación para explicarles mi situación y para mi sorpresa, en lugar de ofrecerme un largo discurso y forzarme a pensar de la misma forma que ellos, me dieron la opción de trabajar en conjunto para poder realizar una fracción de las horas demandadas.

Ese fue el principio de todo y digo “el principio” porque supongo que ese fue el primer indicio de que las personas trabajan en esa oficina son exactamente eso, personas que además, tienen una enorme disposición de ayudar a quien lo necesite. Durante casi dos semanas, mientras ellos atendían a sus responsabilidades diarias, yo elaboraba un plan de comunicación a nivel de todo el campus. Eso significó que durante un pequeño período, estuve por lo menos ocho horas sentada en el pequeño despacho.

Ahí, vi entrar estudiante tras estudiante a consultar lo mismo una y otra vez. Asimismo, vi como cada vez que uno de ellos entraba en búsqueda de información idéntica a la que acababan de proporcionarle al estudiante anterior, sonreían y con amabilidad repetían el proceso. A lo mejor piensas que el sonreírte es su obligación y la forma como se ganan la vida, pero entonces tú también te estás olvidando de su cualidad de seres humanos que cuando ya han cumplido sus más de ocho horas de oficina se cansan, como cualquiera y que además, no siempre reciben el mismo trato que dan por parte del cuerpo estudiantil.

En conjunto a las horas de oficina, participé en los seminarios taller que se desarrollaron durante mi tiempo ahí. En total, he hecho el seminario de inducción al SSU tres veces y lejos de pensar en la pesadez de ello, esta vez, a diferencia de la primera vez que lo tomé, los he encontrado provechosos. ¿El mejor? Por primera vez, el seminario taller se trasladó fuera de la universidad donde pude hablar con personas de carne y hueso sobre el impacto que ha causado en ellos el servicio que prestan los estudiantes universitarios en personas que se encuentran en riesgo social.

He de decir que las tres veces que “realicé” el seminario, el contenido permaneció igual, pero verlo desde otra perspectiva hizo que algo en mí cambiase. Por supuesto, poner en práctica los aspectos que más disfruto de mi trabajo ayudó bastante. Al final, el compromiso social que realizas con la comunidad a través de la universidad dona directamente los conocimientos adquiridos a lo largo de la carrera en búsqueda de un bien común y, he de admitir que el lograr hacerlo implicando directamente tu entrenamiento profesional, no trae más que satisfacciones de todo tipo que favorecen tu desarrollo individual con enseñanzas que caminarán a tu lado a partir desde ese momento.

 

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