La USMA realizó Campamento Misión de Semana Santa en Las Lajas de Capira.

La USMA realizó Campamento Misión de Semana Santa en Las Lajas de Capira.

¡El Señor ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Con estas palabras, la comunidad de Las Lajas de Capira, despidió con lágrimas de alegría, el Domingo de Resurrección, a los 11 misioneros, entre estudiantes y profesores de la Universidad Católica Santa María La Antigua, quienes pusieron a la disposición del Señor Jesús, su Semana Santa, para asistir al Campamento Misión que, durante este tiempo fuerte de la Iglesia, se desarrolló en esa comunidad.

Después de semanas de planificación, logística y formación, los misioneros iniciaron su trabajo pastoral el Miércoles Santo, día en el que llegaron a Las Lajas y comenzaron el proceso de planeación de actividades, tomando posesión del albergue temporal en el que iban a convivir los misioneros y la comunidad, los 5 días más maravillosos de sus existencias, tiempo que nunca podrán olvidar y que marcaría para siempre sus vidas.   Este proceso fue interrumpido por los miembros de la población, que aunque sabían que la misión iniciaría al día siguiente, al ver llegar a los misioneros, se presentaron a dar la bienvenida; decenas de niños, jóvenes y adultos, quienes con la alegría de recibir lo que se espera, vinieron a ponerse a la orden para lo que fuera necesario.   Esta primera convivencia, no planificada, duró hasta las 7 de la noche, cuando la oscuridad llegó, ya que en Las Lajas no hay luz eléctrica, ni servicio de agua potable, ni carreteras, solo caminos de tierra, una escuela primaria multigrado y la capilla de madera que fue el punto de reunión.

Durante los siguientes días de la Semana Santa, el Señor Jesús actuó por medio de los Misioneros de la USMA, ya que recorrió horas con ellos, por caminos estrechos y empinados para llegar a cada una de las casas de la comunidad, a llevar el mensaje de amor, conversión y salvación que arde en el corazón de cada misionero. En cada casa, por humilde que fuera, encontraron que Jesús estaba allí y se les revelaba en la hospitalidad y el anhelo del encuentro con el hermano.  En cada hogar, fueron recibidos como familia y tomaron no solo las frutas que cada uno producía y que las entregaban como magníficos regalos, sino también las manos abiertas de Cristo, los ojos de amor y el abrazo sincero de los hijos de un mismo Padre que celebran las bendiciones de un Dios amoroso y generoso.

Todas las tardes, la comunidad se acercaba a reunirse con los misioneros en los alrededores de la capilla e instalaciones de la escuela, donde se habían preparado temas para grupos de niños, jóvenes y adultos, relacionados con la forma en que vivimos en nosotros mismos la Semana Santa y su gran mensaje de salvación.   Cada grupo era diferente, los niños cantaban, jugaban, pintaban y aprendían el regalo del Padre Celestial al darnos a nuestro hermano Jesucristo; los jóvenes pudieron interiorizar con dinámicas, cantos, lecturas de pasajes de la biblia y reflexiones, sobre el tesoro de la juventud, la bendición de tener una familia y el compromiso cristiano que desde esta etapa de sus vidas, debe reflejarse en la comunidad y en su entorno, para ser jóvenes nuevos, como Jesús que es un hombre nuevo con su resurrección; los adultos examinaron, a la luz de la Palabra de Dios, su actuación como cabeza visible de Cristo dentro de la comunidad y la gran responsabilidad de llevar a Las Lajas por los caminos del amor y la verdad que provienen de Cristo.

La Misión de Semana Santa de la USMA fue esa experiencia que le permitió a estudiantes y profesores, salir de su zona de confort, alejarse de las comodidades de sus casas, de sus camas, de sus comidas, de su transporte seguro, de sus celulares, computadoras y televisores, para encontrar a Cristo en el silencio y la oscuridad de la noche, donde se puede oír con mayor fuerza su voz y verlo en las luminosas estrellas y en la brillante luna; todos descubrieron que aunque Jesús no tiene WhatsApp su mensaje es claro y perfecto, que sin Facebook e Instagram, su imagen salvadora fue vista con mayor luminosidad y que definitivamente, son muy escasos los 140 caracteres de Twitter, cuando las conversaciones en los portales de las casas de la comunidad duran horas y no necesitamos emoticones para reír y expresar nuestra felicidad por el encuentro con los hermanos.

Las Lajas es un lugar hermoso y bendecido por Dios donde el cantar de las aves, el sonido del viento en los árboles y el ruido de la lluvia en las madrugadas, era música sagrada para los oídos, donde un baño en el río, superó con creces los servicios de un spa y donde las largas caminatas con los amigos, hizo más efecto que el tiempo que se invierte en el gimnasio.   El amor y la generosidad de la gente, que daban no lo que les sobraba o lo que no querían, sino que dieron todo lo que tenían, nos enseñó, por qué Jesús quiso nacer en un pesebre, para mostrarnos que en las cosas sencillas es donde Él habita y el por qué murió en una cruz, para que aprendamos que con los brazos abiertos y sin nada material que ofrecer es como se demuestra el verdadero amor de Dios.

Los Misioneros de la USMA fueron a Las Lajas a llevar todo lo que tenían en su corazón y allí lo dejaron, pero regresaron con el ama llena; llena de experiencias, de amistades, de alegría, de sabiduría y del amor inmenso de nuestro Dios, que permitió que lo encontráramos en esta Semana Santa, vivo en los hermanos y resucitado en una comunidad que lo siente y lo demuestra no con palabras, que al final no faltaron, sino con su forma de ser, su amabilidad, su hospitalidad, su sinceridad y su don de gente que nos recuerda nuestra humanidad.

¡El Señor ha resucitado! ¡Verdaderamente en Las Lajas y en los corazones de los misioneros de la USMA ha resucitado! Aleluya, aleluya.

Por: Prof. Carlos Montenegro Iturralde

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