Domingo 26° Ordinario

30 de septiembre

LOS MANDAMIENTOS DEL SEÑOR

ALEGRAN EL CORAZON

Y como no es de los nuestros, se lo prohibimos. San Juan y sus compañeros sintieron celos contra una persona que, sin pertenecer a su grupo, expulsaba demonios en nombre de Jesús.  Los discípulos trataron de impedírselo.  Juan y sus compañeros esperaban que Jesús estuviera de acuerdo con ellos; pero no resultó así.  Jesús pone en guardia a sus discípulos sobre actitudes de envidias y celos.  Esta parte del evangelio encuentra un precedente en la primera lectura.  La coincidencia temática es evidente.  En las dos lecturas se trata de un celo exclusivista, estrechez de espíritu, sectarismo intransigente e intento de monopolizar el carisma.  El carisma no es monopolio de nadie.  Los Apóstoles antes de la Pascua, se creían los únicos depositarios del nombre, de la misión, del mensaje y poderes de Jesús.

Por el hecho de que son de Cristo.  Fuerte y hermosa definición del discípulo de Jesús.  El discípulo que cree en Jesús es su propiedad.  Todo favor o servicio hecho a un hermano, así seas simplemente un vaso de agua, será recompensado por Dios.  Todo servicio hecho a un hermano, es a Jesús y a Dios a quien se le hace.  Esta palabra subraya la estrecha unión de vida que existe entre Dios, Jesús y los creyentes.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla. Los sencillos, en la terminología neotestamentaria, parecen ser los creyentes de fe frágil y todavía insegura.  El escándalo indica el estorbo que una piedra o un obstáculo  imprevisto pueden ocasionar  a los pasos de un viajero.  Es, entonces, cuando Jesús lanza un llamado a poner atención y premura hacia los sencillos y pequeños.  Ellos tienen necesidad de una mano que los sostenga, de un ojo que los ilumine, de un pie que sostenga sus pasos titubeantes.

Al lugar del castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.  El término Gehena, usado en algunas traducciones, se refiere al lugar en donde eran arrojados los desperdicios y la basura de la ciudad de Jerusalén para ser  quemados.  Era considerado por los habitantes como un lugar impuro e idolátrico.  El humo incesante, que de ahí subía, se prestaba para hacer más realista la idea de algo que no se consumía jamás, de un fuego inextinguible, al cual Jesús compara la eternidad  del castigo.

Tomado del Misal para todos los domingo y fiesta del año.

SAN PABLO

 

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