Domingo 25° Ordinario

23 de septiembre de 2012

EL SEÑOR ES QUIEN ME AYUDA

¿Quién será el más grande? San Marcos continúa la descripción del malentendido, que está al centro de su Evangelio, Jesús habla de su pasión.  Durante este tiempo sus apóstoles sueñan un reino de poder y entran en conflicto unos con otros.

Segundo anuncio de la pasión y resurrección. Jesús, el Maestro, busca soledad y tranquilidad a fin de poder “instruir” a sus discípulos.  El momento es trascendental.  El tema de la enseñanza continúa siendo la pasión, muerte y resurrección del Hijo del hombre.  San Marcos nos revela dos sentimientos en los discípulos: no entendían y sentían temor de preguntarle. El misterio de la muerte y resurrección de Jesús supera los niveles de la comprensión puramente humana; y la perspectiva del sufrimiento siempre causa temor.  Se prefiere ignorar o esquivar.  Algunos elementos ayudan a comprender mejor este texto.  El primero se refiere al camino.  Ese término  permea toda la actividad itinerante de Jesús (hoy es presentado mientras “atravesaba Galilea”), pero sobre todo se refiere al camino ejemplar que ha caracterizado toda su vida: el camino hacia la cruz.  A lo largo de este camino también el discípulo tiene su colocación, que es definida por las exigencias radicales que Jesús les propone.

Otro elemento es la incomprensión de los discípulos.  En el Evangelio de san Mateo los discípulos son presentados como el modelo del cristiano.  En el Evangelio de san Marcos aparecen, por el contrario, con toda su fragilidad humana, incapaces de entrar en sintonía con Jesús.  De hecho, ellos no logran comprender el mesianismo sufriente escogido por Jesús: el camino hacia la cruz.  En este camino Jesús permanece solo completamente.  Sus discípulos prefieren seguir un camino diverso, en cuyo horizonte pueda aparecer el triunfo, la gloria y el poder: “Porque en el camino habían discutido sobre quién  de ellos era el más importante”.  Por esto, Jesús se detiene y “se sentó”, es decir los instruye en el camino de la cruz y a las exigencias que ello conlleva.

Si alguno quiere ser el mayor, que sea el último de todos y el servidor de todos.  La palabra de Jesús ilumina la naturaleza de la autoridad en la Iglesia.  La autoridad debe ser un ejercicio de humildad y de servicio.

El texto de hoy termina con la referencia a los niños.  Dato que contribuye a hacer más concreta la enseñanza de Jesús sobre la necesidad de ponerse al servicio de los demás desinteresadamente.  Los niños constituían un estrato social privado de derechos y de derechos y de todo apoyo.  Acoger a un niño significaba, por tanto, interesarse por una persona sin alguna esperanza de obtener ventajas.  Jesús vino por esas personas que, ante los ojos de los demás, no valían nada.  Para Dios son sus hijos preferidos.  La expresión de Jesús : “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe”, hace también referencia al concepto que tenían los antiguos, según la cual, quien recibía al representante de una persona, recibía al mismo representado.

Tomado de Misal para todos los domingos y fiesta del año

 

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